UN CAMINO DE BÚSQUEDA PERSONAL Y PROFESIONAL

 

Hoy  nos enfrentamos a demandas y exigencias de toda índole. Estar a la altura y dar respuesta de esas demandas requiere de un estado de energía y equilibrio emocional que  nos permita facilitar el aprendizaje y el vínculo con los estudiantes desde un lugar saludable.

El contexto estudiantil y la vida profesional nos llevan innumerables veces a estados de desmotivación, cansancio, sobrecarga y grandes niveles de impotencia. Por eso es urgente la necesidad de aprender a cuidarnos y desarrollar juntos herramientas de autocuidado y valoración.

En este sentido necesitamos espacios donde poder descubrir nuestro potencial, encontrar nuevos rumbos, compartir la carga y resilientemente renovar el entusiasmo y la motivación.

Espacios de encuentro para intercambiar, acompañarnos, reconocernos valiosos y grandes luchadores.  Compartir el sentir, logros, aciertos y desaciertos… CONSTRUIR EL PROPIO  BIENESTAR… desarrollar herramientas concretas para esa construcción.

Compartir los sueños y los anhelos, para recuperar las más profundas convicciones. Una comunidad en la que nos sintamos cada vez menos solos frente a lo controversial de la tarea, y podamos reconocernos como un gran colectivo que aún camina hacia ese horizonte… ¿Utópicos quizás?  Puede ser, pero profundamente sensibles frente a la humanidad de cada ser y en un abrazo humilde, seguir creyendo y construyendo, como pequeñas gotas en el mar, que aún es posible construir un mundo más humano, más sensible y amoroso…

Sabemos que el acto de enseñar y aprender forman parte de un mismo proceso, en el que todos los que formamos parte de este océano nos vemos profundamente atravesados… ¿Cómo no dejarnos atravesar en ese encuentro de almas necesitadas de mirada, de nuevas miradas…? La educación cobra su más profundo sentido cuando nos dejamos transformar y esa transformación solo es posible por nuestra condición humana.

 
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